domingo, 27 de noviembre de 2011

JORNADA DE ACTUALIZACIÓN EN CIRUGÍA MAYOR AMBULATORIA. ZARAGOZA 24 NOVIEMBRE DE 2011



Coordinador: Dr. Alfredo Jiménez Bernadó






Ponentes:
Dr. Filadelfo Bustos. Complejo Hospitalario de Toledo
Dr. Miguel Angel Dobón. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza
Dra. Manuela Elía. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza
Dr. Ramón Gutierrez Romero. Complejo Hospitalario de Toledo
Dr. Guerson Benarroch. Hospital Clínico y Provincial de Barcelona
Dra. Asunción Martín. Hospital de Mataró
Dr. Angel Faci. Hospital Royo Villanova de Zaragoza
Dr. Juan Marín. UCMA Hospital el Tomillar. H.U. Valme de Sevilla
Dra. Pilar Sala. Hospital sant Joan de Reus
Dr. Juan Viñoles. Hospital Dr. Peset de Valencia
Dr. Cristobal Zaragoza. Hospital General Universitario de Valencia
Dr. Carlos Aibar. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza
Dr. Alfredo Jiménez. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza
Dr. José Manuel Cots. Hospital Mutua de Accidentes de Zaragoza
Dr. José Antonio Fatás. Hospital Royo Villanova de Zaragoza
Dra. Juana Martínez. Hospital San Jorge de Huesca
Dr. Juan Villalta. Hospital Comarcal de Barbastro
Sra. Manuela Anies. Hospital Mutua de Accidentes de Zaragoza
Sra. Maribel Riezu. Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza
Sr. Javier Campillo. Hospital Royo Villanova de Zaragoza
Sra. Belén Juez. Hospital Provincial Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza
Sra. Ángeles Luengo. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza

PATROCINADA POR:
Área Científica MENARINI
BARD









NOTA DE PRENSA EDITADA POR ÁREA CIENTÍFICA MENARINI

Jornada sobre el estado y retos de la cirugía mayor ambulatoria

Cuatro de cada diez operaciones ya se
realizan sin ingresar al paciente


• La cirugía sin hospitalización puede suponer un ahorro de hasta el 40% en las diversas intervenciones

• Los diabéticos y los pacientes que reciben anticoagulantes orales se benefician ya de la Cirugía Mayor Ambulatoria

Zaragoza, 24 de noviembre de 2011.
Más del 40% de las operaciones en los hospitales españoles se realizan mediante cirugía mayor ambulatoria (CMA), un modelo que permite intervenir al paciente y darle de alta el mismo día sin necesidad de ingresarle, según los organizadores de la Jornada sobre el Estado y Retos de la CMA, organizada por la Unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa, de Zaragoza, con la colaboración de Área Científica Menarini. Eso es posible gracias a técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas y a la aparición de anestésicos y analgésicos más seguros, afirma el doctor Alfredo Jiménez, coordinador de la Unidad. A su juicio, el uso de la CMA está creciendo en los hospitales y estima que “en los próximos años superará el 50% de las intervenciones”.

La reducción de costes por procedimiento en la CMA “alcanza el 40% en la mayoría de los casos”, señala el doctor Jiménez, quien destaca la disminución de las listas de espera y la mejor recuperación del paciente en su entorno familiar como otras de las ventajas asociadas. Por eso, continúa, “la CMA es una herramienta imprescindible para contribuir a preservar el sistema público de salud”.

El crecimiento de esta forma de hacer cirugía “ha sido muy rápido y desigual desde que empezamos a implantarlo en los años 90”, añade este experto. Algunas comunidades como Cataluña o Andalucía están próximas a realizar la mitad de las intervenciones sin hospitalización, mientras que en otras el porcentaje es inferior. Sin embargo, todas las políticas sanitarias encuentran en este modelo quirúrgico un buen instrumento “ante la saturación de los hospitales y el envejecimiento de la población española”.

En estos momentos, los dos retos a los que se enfrenta la CMA en España, indica este experto, consisten en elevar su implantación en aquellas comunidades donde su aplicación es aún escasa, y en extenderlo a otro tipo de pacientes que antes se descartaban por considerarlos de riesgo para este tipo de intervenciones, como los diabéticos insulinodependientes y los que reciben anticoagulantes. Sin embargo, “hoy en día existen protocolos que te permiten intervenir a estos enfermos en CMA y con muy buenos resultados”, explica.

En los últimos años, las unidades de CMA están trabajando especialmente para que las nuevas generaciones de médicos y enfermeros se formen en la cirugía sin ingreso y contribuyan con sus conocimientos al desarrollo de la cirugía ambulatoria. “Debe ser parte de la rutina del profesional sanitario, y se debe entender como un mecanismo necesario para la buena gestión del hospital, esencial para la sostenibilidad y eficiencia del sistema de salud”, concluye el doctor Jiménez.

Cuidados postoperatorios

En la jornada también se destaca el papel de la enfermería en la CMA, “fundamental para la recuperación del paciente”, apunta Ángeles Luengo, supervisora de Enfermería de la unidad de CMA del Hospital Clínico de Zaragoza. Estos profesionales sanitarios tienen la responsabilidad de dar las instrucciones adecuadas a los propios pacientes o a sus cuidadores para que su recuperación fuera del hospital siga el curso adecuado.

“Desde que se llama al paciente para citarle a la cirugía hasta que se le da de alta por la tarde, somos los enfermeros los que hacemos un seguimiento individualizado de cada uno, transmitiendo confianza y seguridad”, añade. Por ello, aboga por fortalecer paulatinamente estas unidades en los hospitales “ya que se ha demostrado que la recuperación en el domicilio es mucho más eficaz”.



Para más información:
Carlos Mateos/ Helena Cebrián. COM SALUD.

Clinical patterns and outcomes of ischaemic colitis: results of the Working Group for the Study of Ischaemic Colitis in Spain (CIE study).


Este artículo es el resultado de un arduo trabajo del Dr. Miguel A. Montoro Huguet del Servicio de Gastroenterología del Hospital San Jorge de Huesca, dirigiendo al Grupo de Trabajo para el Estudio de la Colitis Isquémica en España (CIE study). El estudio ha permitido recoger casos de isquemia colónica (la forma más frecuente de isquemia intestinal) en 24 hospitales españoles, entre Septiembre de 2005 y Marzo de 2007. Es preciso reseñar la importante colaboración del Profesor Lawrence J. Brandt del Montefiore Medical Center de Nueva York.

La colaboración que desde el Servicio de Cirugía B del Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza hemos prestado, me permite incluirlo en este blog.

Scand J Gastroenterol. 2011 Feb;46(2):236-46.

Author names:
Montoro MA, Brandt LJ, Santolaria S, Gomollon F, Sánchez Puértolas B, Vera J, Bujanda L, Cosme A, Cabriada JL, Durán M, Mata L, Santamaría A, Ceña G, Blas JM, Ponce J, Ponce M, Rodrigo L, Ortiz J, Muñoz C, Arozena G, Ginard D, López-Serrano A, Castro M, Sans M, Campo R, Casalots A, Orive V, Loizate A, Titó L, Portabella E, Otazua P, Calvo M, Botella MT, Thomson C, Mundi JL, Quintero E, Nicolás D, Borda F, Martinez B, Gisbert JP, Chaparro M, Jimenez Bernadó A, Gómez-Camacho F, Cerezo A, Casal Nuñez E; Workgroup for the Study of Ischaemic Colitis of the Spanish Gastroenterological Association (GTECIE-AEG).
SourceDepartment of Gastroenterology, Hospital San Jorge, Huesca, Spain. montorohuguet@gmail.com

Abstract
Background. There is a lack of prospective studies evaluating the natural history of colonic ischaemia (CI). We performed such a study to evaluate the clinical presentation, outcome, and mortality as well as clinical variables associated with poor prognosis.
Methods. An open, prospective, and multicentre study was conducted in 24 Spanish hospitals serving a population of 3.5 million people. The study included only patients who met criteria for definitive or probable CI. A website (www.colitisisquemica.org) provided logistical support.
Results. A total of 364 patients met criteria for inclusion. CI was suspected clinically in only 24.2% of cases. The distribution of clinical patterns was as follows: reversible colopathy (26.1%), transient colitis (43.7%), gangrenous colitis (9.9%), fulminant pancolitis (2.5%), and chronic segmental colitis (17.9%). A total of 47 patients (12.9%) had an unfavorable outcome as defined by mortality and/or the need for surgery. Multivariate analysis identified the following signs as independent risk factors for an unfavorable outcome: abdominal pain without rectal bleeding [odds ratio (OR) 3.9; 95% confidence interval (CI) = 1.6–9.3], non-bloody diarrhoea (OR 10; 95% CI = 3.7–27.4), and peritoneal signs (OR 7.3; 95% CI = 2.7–19.6). Unfavorable outcomes also were more frequent in isolated right colon ischaemia (IRCI) compared with non-IRCI (40.9 vs. 10.3%, respectively; p < 0.0001). The overall mortality rate was 7.7%.
Conclusions. The clinical presentation of CI is very heterogeneous, perhaps explaining why clinical suspicion of this disease is so low. The presence of IRCI, and occurrence of peritoneal signs or onset of CI as severe abdominal pain without bleeding, should alert the physician to a potentially unfavorable course.

Keywords
Abdominal pain, bleeding, colorectal disease, diarrhoea, ischaemia

Puede accederse al texto completo del artículo a través del link
http://informahealthcare.com/doi/abs/10.3109/00365521.2010.525794

jueves, 1 de septiembre de 2011

RECOMENDACIONES ANALGÉSICAS EN EL PACIENTE GERIÁTRICO A NIVEL HOSPITALARIO Y DOMICILIARIO

AUTORES:
Alfredo Jiménez Bernadó, Jefe de Sección de Cirugía General, Coordinador de la UCMA; Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza.
Pedro Cía Blasco, Facultativo Especialista de Área. Servicio de Anestesiología y Reanimación. Unidad del Dolor. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa de Zaragoza.
Este capítulo ha sido publicado por los autores arriba indicados en la Guía de ASECMA, "Manejo del dolor agudo postoperatorio en Cirugía Ambulatoria", coordinada por los Drs S. López Álvarez, A. López Gutiérrez y M. Zaballos García

SEPTIEMBRE 2010

El número de pacientes de edad avanzada que son sometidos a intervenciones quirúrgicas ha aumentado de forma progresiva durante las últimas décadas en nuestra sociedad. Sin embargo, pese a que las personas mayores de 65 años pasan por el quirófano con mucha frecuencia, es esta población la que presenta un peor manejo del dolor agudo postoperatorio, cifrándose entre el 50 y el 75 el porcentaje de casos de un alivio inadecuado del dolor(1). Pese a ello no existen muchos datos basados en la evidencia acerca del manejo del dolor postoperatorio en estos pacientes.
Las alteraciones fisiológicas que presentan los ancianos a nivel cardiovascular, pulmonar, hepático, renal y del sistema nervioso central los hacen especialmente sensibles a los efectos secundarios y a la posibilidad de interacciones de los analgésicos. No obstante, esta circunstancia no exime de realizar una correcta analgesia, ya que el dolor postoperatorio aumenta el riesgo de hipertensión, taquicardia, isquemia cardiaca e hipoxemia(2), patologías muy frecuentes en dicha población. Una eficaz analgesia es capaz de acelerar la recuperación, promover la movilización precoz, disminuir el tiempo de ingreso y, por tanto, disminuir los costes(3).

En Cirugía Mayor Ambulatoria (CMA) debemos aspirar a conseguir el bienestar del paciente administrando los analgésicos adecuados a la situación clínica y edad. Cuando el paciente es dado de alta de la unidad, debe llevar consigo la medicación oral necesaria para los primeros días del postoperatorio y los rescates idóneos en caso de aumento del dolor. Hay que asegurarse que el paciente entiende correctamente las instrucciones que se le entregan por escrito, debiendo figurar con claridad cuáles son los fármacos que debe consumir de forma pautada y cuáles utilizará solo como rescate.

1. BARRERAS QUE LIMITAN EL TRATAMIENTO ADECUADO DEL DOLOR EN EL ANCIANO.
En los pacientes ancianos podemos encontrar con frecuencia los siguientes problemas en el control del dolor postoperatorio:
• Dificultad en la evaluación del dolor por parte del paciente, debido a la falta de comprensión de las escalas de valoración, disfunción cognitiva, demencia, alteraciones psicológicas o déficit auditivo o visual. El período postoperatorio puede ser especialmente crítico en este sentido en el paciente anciano(4,5).
• Presencia de enfermedades concomitantes que cursan con dolor crónico y que precisan tratamientos que pueden interferir con los fármacos empleados en el control del dolor postoperatorio(6).
• Recelo o miedo por parte de profesionales y pacientes al uso de opioides por sus efectos secundarios en este rango de edad. Debemos recordar que aunque los ancianos son más sensibles a los opioides en general, utilizados de forma adecuada son seguros(2).
• Temor a crear adicción debido a la administración de opioides en el postoperatorio. Esta posibilidad se puede considerar inexistente, sobre todo en este grupo de pacientes(7,8,9).
• Ausencia de queja por parte del paciente, al creer que el dolor no puede ser aliviado o por no molestar a los demás. Esta es una circunstancia frecuente en nuestra cultura(5).
• Utilización, por el contrario, de las quejas por dolor como medida para llamar la atención. Esta situación debe ser tenida en cuenta por los profesionales para no provocar una sobredosificación analgésica.

2. AJUSTE DE DOSIS DE ANALGESICOS EN EL PACIENTE ANCIANO.
La disminución en la capacidad metabólica del hígado o en la capacidad de excreción renal condicionan frecuentemente en el anciano la necesidad de modificar las dosis. Aunque los requerimientos varían considerablemente de una persona a otra, están indicadas dosis de inicio de un tercio o de la mitad de la dosis habitual del adulto para fármacos con índices terapéuticos bajos. En la Tabla I se reseñan los ajustes de dosis para los analgésicos más empleados.

TABLA I: Dosificaciones de analgésicos y consideraciones en el paciente anciano

2.1 AINE no selectivos.
La población geriátrica es más susceptible a la aparición de efectos adversos graves cuando son tratados con AINE(10,11). En concreto, la hemorragia digestiva puede presentarse en el contexto del tratamiento postoperatorio con mayor gravedad que en el resto de la población y sin síntomas previos(12,13). Los AINE no selectivos pueden aumentar la presión arterial y por esta razón debe vigilarse este parámetro en los pacientes hipertensos(14).
Las circunstancias específicas de los principales AINE no selectivos en la población geriátrica son las siguientes:
Dexketoprofeno.
El dexketoprofeno no requiere ajuste de dosis en un principio. Únicamente si la función renal está algo disminuida (aclaración de creatinina de 50-80 ml/min) se recomienda una dosis menor (50 mgr/día). Cuando el aclaración de creatinina esté por debajo de 50 ml/min no debe utilizarse.
Metamizol.
La vida media de eliminación del metamizol en voluntarios sanos ancianos es significativamente superior a la de los adultos sanos. Asimismo, tienen un aclaramiento de metamizol inferior al de éstos. Sin embargo, todo ello no implica un ajuste general de la dosis, salvo en casos de insuficiencia renal, ya que puede ocasionar retención de sodio y cloro, oliguria y producción de edemas. En pacientes con depleción de volumen o historia previa de insuficiencia renal pueden presentarse oliguria o anuria, proteinuria y nefritis intersticial.
Ibuprofeno
No es necesario modificar la dosis ni la frecuencia de administración de ibuprofeno en pacientes ancianos pues la farmacocinética de este fármaco no se altera en este grupo. En pacientes con insuficiencia renal leve o moderada debe reducirse la dosis inicial y no debe utilizarse en pacientes con disfunción renal grave. Tiene un perfil muy favorable para la persona mayor ya que el riesgo de alteraciones cardiovasculares, si no se supera la dosis de 1800 m/día, es muy bajo(15) y se considera un AINE de mínimo riesgo para la hemorragia digestiva.
Ketorolaco.
El ketorolaco no debe utilizarse más de 2 días consecutivos por vía parenteral y no más de 7 días por vía oral o en tratamientos combinados, por el riesgo aumentado de hemorragia digestiva alta, tanto en población adulta como anciana. Desde el 1 de Abril de 2007 es un Medicamento de Uso Hospitalario y, por tanto, no está disponible en farmacias. La dosis máxima diaria en ancianos es de 60 mg. Cuando existe insuficiencia renal leve, debe administrarse la mitad de la dosis recomendada con determinaciones periódicas de la función renal, y si la insuficiencia es moderada o grave está contraindicado(16).

2.2 Inhibidores selectivos de la COX-2.
Los inhibidores selectivos de la COX-2 no precisan ajuste de dosis en ancianos. Deben usarse con precaución en aquellos pacientes con deterioro de la función renal o en los que están predispuestos a retención de líquidos. En los pacientes con insuficiencia hepática moderada se debe administrar la mitad de la dosis habitual y no se deben utilizar en insuficiencia hepática grave. Del mismo modo deben contraindicarse en casos de enfermedad isquémica coronaria o cerebrovascular, o ante factores de riesgo cardiovascular, circunstancia bastante frecuente en la población geriátrica(17).

2.3 Paracetamol.
El paracetamol es el analgésico de elección para el tratamiento del dolor leve en los ancianos. Resulta un analgésico seguro y no se asocia a las complicaciones gástricas como ocurre con los otros AINE. En los pacientes geriátricos la vida media de eliminación está aumentada, por lo que se recomienda reducir la dosis en un 25%. Puede administrarse en casos de insuficiencia renal a corto plazo, aunque si la insuficiencia renal es severa (aclaramiento de creatinina inferior a 10 ml/min) se recomienda un intervalo mínimo de 8 horas pudiendo seguir con la dosis de 1 gr en cada toma. Está contraindicado en casos de insuficiencia hepática(11).

2.4 Opioides.
Tramadol
No es necesario adaptar la dosis de tramadol en pacientes de edad avanzada que no tengan insuficiencia renal o hepática. En pacientes mayores de 75 años puede prolongarse la eliminación tras la administración oral pautada, por lo que deben alargarse los intervalos de dosificación según las necesidades individuales. En pacientes con aclaramiento de creatinina inferior a 30 ml/min o trastornos hepáticos debe utilizarse con precaución, aumentando los intervalos entre dosis a 12 horas, estando contraindicado cuando el aclaramiento de creatinina es menor de 10 ml/min o existe una enfermedad hepática grave. Es un fármaco práctico para ser utilizado como rescate ante el dolor irruptivo intenso tanto en el hospital como en el domicilio. Para su administración oral, además de las presentaciones en cápsulas, existe la forma líquida que se administra mediante pulsaciones o gotas y nos permite dosificar y prescribir dosis menores adaptándonos a las necesidades de cada paciente. Las combinaciones de paracetamol y tramadol (325 mg/37.5 mg) pueden utilizarse también como tratamiento analgésico.
Codeína
Existen presentaciones que combinan paracetamol y codeína o AINES y codeína, pero la gran incidencia de efectos secundarios que presenta este fármaco en los ancianos lo convierte en una opción poco recomendable.
Opioides mayores
En general, los ancianos son más sensibles a los efectos de los opioides. El volumen de distribución de la morfina tras una dosis intravenosa es la mitad que en pacientes jóvenes, su aclaramiento es del 50% y los niveles séricos que se alcanzan son más altos. Además, la sensibilidad cerebral a la analgesia es mayor, quizá por un aumento de la sensibilidad de los receptores cerebrales. La vía de administración de elección en el anciano es la intravenosa, pues la vía intramuscular es inadecuada y potencialmente lesiva. Se recomienda titular de forma cuidadosa el opioide, comenzando con una dosis un medio o un tercio menores que las empleadas en los adultos, aumentando luego la dosis de manera progresiva. En pacientes con deshidratación, oliguria o anuria se debe suspender el opioide y dar sólo cuando se necesite(18). Aubrun y colaboradores concluyen que si se observan las precauciones normales, la dosificación de morfina intravenosa no necesita ser modificada por la edad(19).
La meperidina debe evitarse en ancianos por su mayor capacidad para producir depresión respiratoria y por su efecto de excitación del SNC que puede producir convulsiones(20,21).

3. MANEJO DEL DOLOR EN EL ANCIANO CON PATOLOGIA ASOCIADA.
Los analgésicos utilizados en el dolor postoperatorio presentan interacciones frecuentes al administrarse de forma simultánea con otros fármacos, aumentando la posibilidad de reacciones adversas. La edad contribuye a ello ya que dosis no tóxicas en jóvenes o adultos pueden serlo en ancianos por alteración de la farmacocinética y farmacodinamia. Por otro lado, la mayor utilización de fármacos en los ancianos, debido a las frecuentes enfermedades asociadas, implica una mayor probabilidad de interacciones entre fármacos. El riesgo de reacciones adversas aumenta exponencialmente con el número de fármacos empleados, habiéndose demostrado, por ejemplo, que existe un riesgo aumentado de insuficiencia renal aguda con la triple combinación de un AINE, un IECA y un diurético(22).
TABLA II: Analgésicos potencialmente inadecuados en el anciano (21,23)

En la tabla II se muestran los criterios para determinar los fármacos que deben ser evitados en ancianos ante el riesgo de reacciones adversas e interacciones, o por ser ineficaces especialmente si disponemos de otras alternativas de similar eficacia o menor toxicidad (Grado de recomendación C). Estos criterios se basan principalmente en los que formuló Beers en 1991, posteriormente actualizados y con algunas contribuciones. Su cumplimiento ha demostrado una reducción de las reacciones adversas a medicamentos, e incluso una disminución del riesgo de hospitalización y mortalidad.

3.1 Interacciones fármaco-fármaco (Tabla III).
Pacientes en tratamiento con anticoagulantes orales (ACO) y heparina.
Los AINE tienen efecto antiagregante plaquetario, pudiendo prolongar el tiempo de protrombina y aumentar el riesgo de hemorragia digestiva, al potenciar los efectos de los anticoagulantes. Deberá evitarse el uso simultáneo de estos fármacos y si no fuera posible, deberán realizarse pruebas de coagulación al inicio del tratamiento y ajustar la dosis del anticoagulante.
TABLA III: Interacciones farmacológicas de los AINE en el anciano

El paracetamol, por su excelente tolerabilidad gastrointestinal, con la práctica ausencia de efecto gastrolesivo a dosis inferiores a 2 g/día, y porque a dosis terapéuticas está libre de efectos antiplaquetarios, se considera la alternativa terapéutica a los AINE y la terapia analgésica-antipirética de elección en pacientes sometidos a tratamiento con anticoagulantes orales, aunque es clínicamente prudente monitorizar los niveles de INR. La administración crónica de paracetamol a dosis superiores a 2 g/día durante períodos prolongados simultáneamente con ACO, puede provocar un incremento del efecto anticoagulante, sin embargo, este efecto tiene escasa repercusión clínica y no limita en absoluto la utilización de paracetamol en pacientes en tratamiento con ACO(24).
Pacientes hipertensos.
En general, los AINES pueden dar lugar a retención de sodio y agua, manifestándose en forma de edemas e hipertensión arterial que podrían desencadenar episodios de insuficiencia cardiaca congestiva en pacientes más susceptibles. Por tanto, son fármacos que se deben utilizar con precaución en los pacientes hipertensos. Además, debemos tener en cuenta que los AINES pueden tener interacciones con varios antihipertensivos que reseñamos a continuación:
1. En el tratamiento con IECA, los AINE antagonizan su efecto hipotensor, reduciendo así su eficacia, aumentan el riesgo de fracaso renal e hiperpotasemia (Grado de evidencia A). Ejercen por sí mismos un efecto vasopresor (más manifiesto en ancianos e hipertensos previos). Los de mayor riesgo son indometacina y naproxeno y con menor grado de interacción los salicilatos(25).
2. En el tratamiento con betabloqueantes los AINE disminuyen el efecto antihipertensivo, en cambio la morfina aumenta el efecto de estos fármacos.
3. En pacientes en tratamiento con diuréticos de asa, su empleo simultáneo con un AINE puede aumentar el riesgo de fracaso renal como consecuencia de una reducción del flujo sanguíneo renal. El tratamiento concomitante con diuréticos ahorradores de potasio podría ir asociado a un aumento de los niveles de este ion, por lo que es necesario vigilar sus niveles. Al asociar paracetamol con diuréticos de asa, los efectos diuréticos pueden verse reducidos, debido a que el paracetamol puede disminuir la excreción renal de prostaglandinas y la actividad de la renina plasmática.
Pacientes diabéticos en tratamiento con antidiabéticos orales.
Los salicilatos aumentan el efecto hipoglucemiante de los antidiabéticos orales, desplazándoles de su unión a las proteínas plasmáticas. Por tanto, es necesario extremar el control de glucemia y se hace necesario un ajuste de la dosificación del antidiabético oral en estos casos.
Pacientes diabéticos en tratamiento con insulina.
Los salicilatos administrados a grandes dosis pueden producir una disminución del efecto hipoglucemiante.
Pacientes en tratamiento con antibióticos.
La asociación de aminoglucósidos y AINE inhibe el aclaramiento renal del antibiótico y aumenta el riesgo de nefrotoxicidad. Por tanto, hay que monitorizar las concentraciones de antibióticos y ajustar la dosis. Se han notificado casos aislados de convulsiones que podrían haber sido causadas por el uso simultáneo de quinolonas y ciertos AINE y existe un posible aumento del riesgo de sangrado cuando se combinan cefalosporinas y aspirina, por lo que debe evitarse el uso simultáneo.
Pacientes en tratamiento con antidepresivos.
1. Con IMAO debe evitarse el uso de opioides (aumenta la depresión del SNC), dextropropoxifeno (riesgo de crisis adrenérgica e HTA) y meperidina (riesgo de excitación, rigidez y coma; especialmente peligroso cuando se emplea en pacientes que han tomado IMAO dentro de los 14-21 días de tratamiento con meperidina).
2. Con antidepresivos tricíclicos los opioides aumentan la depresión del SNC (meperidina produce depresión respiratoria, hipotensión, sedación profunda y coma), y adrenalina y noradrenalina aumentan el efecto presor con posibilidad de arritmias. Los anestésicos locales pueden originar hipotensión ortostática y dificultad motora.
Pacientes en tratamiento con digoxina.
Los AINE pueden elevar los niveles plasmáticos de digoxina, aumentando el riesgo de toxicidad de este fármaco.
Pacientes en tratamiento con ciclosporina, tacrolimus.
Su administración simultánea con AINE puede aumentar el riesgo de nefrotoxicidad, debido a la reducción de la síntesis renal de prostaglandinas.
Pacientes en tratamiento con neurolépticos (haloperidol).
Los opioides aumentan el efecto depresor del SNC y el metamizol puede dar lugar a hipotermia grave con neurolépticos.
Pacientes en tratamiento con corticoides.
Los AINE aumentan el riesgo de úlceras y hemorragias gastrointestinales. En los pacientes tratados con ciclosporina, digoxina, neurolépticos o corticoides se recomienda paracetamol, para evitar interacciones farmacológicas y farmacocinéticas(24).
Pacientes en tratamiento con metotrexato.
Los AINE pueden producir una importante toxicidad por este fármaco (estomatitis, mielosupresión, nefrotoxicidad), al reducir su excreción renal, sobre todo con dosis antineoplásicas (dosis de 15 mg/semana o superiores), por lo que se debe evitar su administración junto con metotrexato a altas dosis. A dosis bajas, inferiores a 15 mg/semana, se monitorizarán estrechamente las concentraciones del fármaco, sobre todo durante las primeras semanas de administración simultánea, y la función renal. Se recomienda suspender el tratamiento con AINE 12-24 horas antes y, al menos, 12 horas después de la administración de una dosis levada de metotrexato.
Pacientes en tratamiento con litio.
Los AINE pueden incrementar los niveles plasmáticos de litio, posiblemente por reducción de su aclaramiento renal, por lo que se deberá evitar su administración conjunta, a menos que se monitoricen los niveles de litio.

3.2 Interacciones fármaco-enfermedad.
En la tabla IV se pueden ver algunas de las posibles interacciones de diversos fármacos analgésicos cuando se administran a pacientes con una enfermedad previa.
TABLA IV: Interacciones fármaco-enfermedad en el anciano

4. RECOMENDACIONES PRÁCTICAS PARA EL TRATAMIENTO DEL DOLOR POSTOPERATORIO EN EL DOMICILIO.
Basándonos en las recomendaciones de Beers(26) para el tratamiento domiciliario en los ancianos extraemos 4 principios que siempre se han de tener en cuenta cuando enviamos a las personas mayores a su domicilio con una pauta analgésica:

• Simplificación de los regímenes terapéuticos: prescribir fármacos de 3 tomas diarias como máximo y coincidentes con las comidas a ser posibles.
• No simultanear fármacos que se toman 3 veces al día con otros que se toman 4 veces al día.
• Entregar por escrito las pautas de tratamiento (mejora la comprensión del paciente y facilita la comunicación con otros profesionales).
• Indicar por escrito para que es cada fármaco para evitar confusiones en caso de duda.

BIBLIOGRAFIA.
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FUNCIONES DEL COORDINADOR DE UNA UNIDAD DE CIRUGIA MAYOR AMBULATORIA

La unidad de Cirugía Mayor Ambulatoria (CMA), según definición reconocida en el Manual de Estándares sobre CMA del Ministerio de Sanidad, es una organización de profesionales sanitarios, que ofrece asistencia multidisciplinaria a procesos mediante CMA, y que cumple unos requisitos funcionales, estructurales y organizativos, de forma que garantiza las condiciones adecuadas de calidad y eficiencia, para realizar esta actividad. Este conjunto de profesionales incluye cirujanos, anestesiólogos, personal de enfermería, auxiliares, administrativos, celadores y personal de limpieza, que precisan de un jefe o coordinador para ejercer de manera eficiente su trabajo. El trabajo en una unidad de CMA resulta difícil en sus comienzos por la ruptura de moldes que supone, pero con la adquisición de experiencia y popularidad, se convierte en un trabajo apetecible para la mayoría de los profesionales, si bien se recomienda ser personal experimentado y que elija voluntariamente trabajar en dicha unidad.

¿Quién debe ser el coordinador de la unidad de CMA?.
Las unidades que disponen de un claro liderazgo consiguen mayores éxitos que las que no lo poseen. El líder del equipo es el elemento motor del mismo. Debe ver el futuro, debe ilusionarse y tener capacidad de ilusionar con el proyecto, debe mantener una capacidad crítica positiva suficiente para reponerse ante las adversidades, dificultades o trabas que el desarrollo de una actividad como esta va a tener, y seguir creciendo. El ejemplo claro han sido las diversas unidades de CMA de nuestro país que tuvieron un clínico casi siempre, cirujano o anestesiólogo, o un gestor, capaz de desarrollar la cirugía sin ingreso en los años 90, cuando la mentalidad de profesionales, gestores, responsables políticos y pacientes estaban muy alejados de los principios de la CMA. Guy Foucher, traumatólogo especialista en cirugía de la mano en Estrasburgo e impulsor de la CMA en Francia, decía que en una organización como ésta, donde participan muchas especialidades quirúrgicas y en la que la selección de pacientes, la reanimación y los criterios de alta son muy importantes, el clínico ideal para dirigir esta orquesta es, por su formación, el anestesiólogo. El Ministerio de Sanidad, en su Manual de Estándares sobre CMA dice que la unidad debe tener un coordinador que debe ser un clínico y un supervisor de enfermería, ambos con los mismos objetivos. La función de supervisión de enfermería es de una enorme importancia por el papel clave que este personal desarrolla en el buen funcionamiento de las unidades. En el National Health Service británico este puesto tiene una gran importancia y recibe el nombre de Day Surgery Manager/Senior Nurse. Los responsables de la unidad deben de conocerse en todo momento y su nombre y funciones figurarán en el reglamento de funcionamiento de la unidad.

¿Qué dedicación debe tener el coordinador de la CMA?.
La situación es muy variable debido a la grandes diferencias entre unas unidades de CMA y otras. Por lo general y en aras a un trabajo más eficiente, parece lógico una dedicación a tiempo completo en las unidades integradas con gran volumen de trabajo y en las autónomas, satélites e independientes. En cambio, como ocurre en mi caso personal, como coordinador de una unidad integrada con un volumen medio de trabajo, en torno a 2500 pacientes año, la dedicación puede ser a tiempo parcial.

Funciones del coordinador de la unidad de CMA en el momento de su puesta en marcha.
Cuando se decide poner en marcha una unidad de CMA, el coordinador o persona que actúa como líder del proyecto deberá encargarse según palabras del Manual de Estándares para la CMA del Ministerio de Sanidad, de “Organizar a un conjunto de profesionales sanitarios, de diversas especialidades quirúrgicas, en un marco protocolizado y consensuado entre todos, con una adecuada utilización de los recursos asignados”. De manera muy esquemática se llevará a cabo:
- DESARROLLO PROGRAMA FUNCIONAL:
*Análisis demográfico del entorno, con espacial referencia a la población incluida en el área de captación de la Unidad.
*Estudio de la demanda teórica de CMA, atendiendo al volumen de procedimientos incluidos en el listado A.
*Análisis de la infraestructura arquitectónica donde se desarrollarán las actividades de la Unidad, valorando la necesidad o no de reformas arquitectónicas.
*Análisis de la necesidad de personal y equipamiento, atendiendo a la demanda y a la actividad prevista.
- ESTRUCTURA ORGANIZATIVA: La secuencia de funciones a realizar en la unidad, acceso físico, admisión, atención preoperatoria, intervención quirúrgica, despertar y readaptación al medio, se desarrollará en tres áreas o unidades clínico-funcionales principales, a saber:
* Área clínica y administrativa que incluirá una consulta específica de CMA, las estructuras administrativas y las áreas de espera y descanso de pacientes y familiares
* Área funcional quirúrgica, con una zona de preparación operatoria, quirófano y despertar
* Hospital de día quirúrgico específico para la readaptación al medio.
- DIMENSIONADO: Cálculo del número de procedimientos de CMA por año, teniendo en cuenta la capacidad de crecimiento. Cálculo de número de quirófanos, puestos de despertar, consultas, personal necesario.

Funciones del coordinador en una unidad de CMA consolidada.
Las unidades con un funcionamiento estable exigen una serie de funciones para el coordinador de la unidad, como cabeza visible de la organización. Estas funciones podemos sintetizarlas en las 8 siguientes:

-1. CONTROL DE PROTOCOLOS Y GUIAS CLINICAS. Las unidades de CMA se caracterizan por el tratamiento de gran número de pacientes con características muy similares y que por tanto permiten una protocolización de la asistencia que se les presta. Sin duda el desarrollo de la CMA en nuestro país ha contribuido a potenciar el desarrollo general de protocolos y guías clínicas para las patologías más prevalentes. Por ello será misión fundamental del coordinador de la CMA el diseño consensuado, la actualización y el cumplimiento de dichos protocolos. El diseño inicial de los protocolos para la selección de pacientes, la preparación operatoria, el tipo de anestesia, la intervención quirúrgica más apropiada, el despertar, la readaptación al medio, los criterios de alta y el seguimiento, darán paso a una actualización periódica mediante la incorporación de pacientes más complejos por su estado físico o por sus características sociales, de nuevos procedimientos quirúrgicos, de nuevos sistemas de manejo del dolor postoperatorio e incluso de nuevas posibilidades de seguimiento postoperatorio. Formará parte de las obligaciones del coordinador el comprobar que dichos protocolos se cumplen de manera sistemática.

-2. FORMACIÓN DEL PERSONAL SANITARIO. Las unidades de CMA fueron en sus comienzos muy cuestionadas como elemento formador del personal sanitario. Sin embargo con el tiempo se vio que la elevada rotación de pacientes las convierte en lugar idóneo para la formación de médicos residentes, estudiantes de Medicina y Enfermería. En un comienzo las unidades deberán formar a su propio personal (enfermería y auxiliares principalmente) y posteriormente servirán para formar a pregrados y postgrados tanto de Medicina como de Enfermería, habiéndose incorporado en la mayoría de los planes de estudio de las diversas especialidades quirúrgicas una obligatoria rotación por una actividad que alcanza en nuestro país en la actualidad cerca del 40% de la actividad quirúrgica y que a buen seguro continuará creciendo.

-3. CONTRIBUCIÓN EN LA SELECCIÓN DE PACIENTES. Conocido es que la selección de pacientes para las unidades de CMA se realiza en base a la cartera de servicios de la propia unidad y a las características fisiológicas, psicológicas y del entorno de los pacientes. El coordinador de la unidad deberá definir los criterios de selección, desde el inicio de la actividad, mediante consenso con las diversas especialidades quirúrgicas y el Servicio de Anestesia. Las unidades con un funcionamiento consolidado permitirán una progresiva incorporación de pacientes habitualmente excluidos como son los obesos mórbidos, los pacientes anticoagulados, los diabéticos y los que presentan déficits de su entorno social.

-4. PROGRAMACIÓN QUIRÚRGICA. La programación quirúrgica suele ser semanal en las unidades de CMA, viéndose implicado en ello el coordinador de la unidad con los responsables de los diversos servicios quirúrgicos. Es preciso partir de la disponibilidad de quirófanos y de las sesiones quirúrgicas correspondientes asignadas por la dirección del bloque quirúrgico y de la disponibilidad de personal, circunstancia variable según la época del año. La progresiva experiencia de las unidades modificará la demanda de los distintos servicios quirúrgicos, siendo obligada una nueva adjudicación de las sesiones quirúrgicas en función de dicha demanda, objetivable por las modificaciones de las listas de espera. Por otro lado hay que tener presente que la cuidada relación médico-paciente, la calidad de la asistencia, el papel de protagonista que adquiere el paciente y los excelentes índices de aceptación, proporcionan un éxito creciente a la CMA, lo cual genera un importante incremento de la demanda de los propios enfermos, demanda inducida que deberá tenerse en cuenta en la programación quirúrgica año a año y en el propio diseño de las unidades de CMA.

-5. APOYO A ENFERMERÍA EN LAS ÁREAS DE RECUPERACIÓN. El personal de Enfermería ejercer un papel trascendente y decisivo en el despertar anestésico, en el área de readaptación al medio y en el momento del alta. Gracias a la protocolización (vías clínicas) de la asistencia que se presta (control de constantes vitales, control del dolor postoperatorio, inicio de la deambulación, reanudación de la ingesta, signos de alarma de complicaciones, proceso educacional y criterios de alta) este personal es capaz de un perfecto manejo de la recuperación del enfermo y de su vuelta al domicilio. En colaboración con anestesiológos y especialistas quirúrgicos, el coordinador deberá tener a punto estos protocolos de recuperación, procurando la formación del personal de Enfermería en los mismos. La aplicación diaria de los mismos condicionará modificaciones que el propio personal va a sugerir. Incorporar estas mejoras, así como atender los imprevistos, dudas e incidencias que pudieran surgir forma parte de las obligaciones del coordinador.

-6. RESPONSABILIDAD ANTE EFECTOS ADVERSOS. El estudio ENEAS español sobre efectos adversos, definiendo como tal “todo accidente imprevisto e inesperado, recogido en la historia clínica que ha causado lesión y/o incapacidad y/o prolongación de la estancia y/o éxitus, que se deriva de la asistencia sanitaria y no de la enfermedad de base del paciente”, mostraba en 2005 una tasa de 12,5% en enfermos quirúrgicos. En CMA se publicaba en 2008 una incidencia de efectos adversos de sólo un 3%, reconociendo que en esta disciplina, la gravedad de las patologías intervenidas, la selección de pacientes y la protocolización de la asistencia contribuyen a que el porcentaje sea más favorable. Nuestra revisión de 2010 en la UCMA del H.C.U. Lozano Blesa de Zaragoza, arrojaba cifras del 11,7%, si bien tan solo la retención urinaria ya suponía por si sola el 5,9%. Las complicaciones mayores, es decir las que ponen en riesgo la vida del paciente, tan solo fueron del 0,02%. El coordinador de la unidad será responsable del registro periódico de estos accidentes o efectos adversos, de su prevención mediante el empleo de las vías clínicas y la formación del personal sanitario y de la incorporación de cuantas medidas puedan parecer útiles en la reducción de estos porcentajes.

-7. CONTROL DE CALIDAD. Los indicadores son una herramienta para medir a través del tiempo la realización de funciones, procesos o resultados de una organización. La importancia de un indicador radica en su capacidad para inducir mejoras en el proceso que se está midiendo. El Ministerio de Sanidad, en su Manual de Estándares, recomienda controlar en las unidades de CMA 5 indicadores: Cancelación de procedimientos, acontecimientos adversos, índice de sustitución de los procesos del listado A, índice de ambulatorización e índice de satisfacción de los pacientes. Estos indicadores deben ser controlados por el coordinador de la unidad, observando su evolución en el tiempo y llevando a cabo un proceso de Benchmarking, palabra que no tiene traducción al castellano, y que proviene de la empresa privada, definiendo como tal un proceso continuo de comparación de la propia eficiencia con otras organizaciones que representan la excelencia en una actividad concreta. No es sino la cultura de la evaluación de resultados que permite identificar áreas de mejora. La existencia de una Comisión o Grupo Operativo de CMA formado por un representante de cada servicio implicado, enfermería, dirección y el propio coordinador, deberá ser la que conozca el comportamiento de estos indicadores y la que deberá encargarse de estudiar la implementación de las mejoras.

-8. CONTRIBUCIÓN A LA DIFUSIÓN DE LA CMA. El coordinador de la unidad debe poner en marcha un programa de promoción de la CMA que contribuirá a la mejor aceptación de esta. Este programa de difusión debe llevarse a cabo en diversos niveles. A nivel de los medios de comunicación, mediante informaciones sencillas que expliquen las características de la unidad, su funcionamiento y los objetivos, bien por intervenciones personales o mediante comunicadores de conocido prestigio. Es la manera de llegar al usuario de la sanidad. Con la experiencia, el boca a boca de los pacientes satisfechos hará el resto. La difusión deberá hacerse también en el propio hospital donde está integrada la unidad o del que depende. El hospital aporta los clientes internos, es decir, todos los servicios quirúrgicos, susceptibles de operar en la unidad, y los profesionales sanitarios que los componen. El darse a conocer en el área de salud correspondiente permite a los profesionales de Atención Primaria conocer la existencia de este tipo de unidades, rompiendo así el tradicional distanciamiento entre Atención Primaria y Atención Especializada. Ellos podrán enviar a sus pacientes directamente a la unidad para ser intervenidos. Puede resultar interesante darse a conocer a nivel de las organizaciones de usuarios o consumidores, muy activas en determinadas zonas, lo cual proporcionará una buena promoción siempre y cuando aportemos información amplia y precisa del funcionamiento, objetivos y resultados de la cirugía sin ingreso. Finalmente la difusión en cada Comunidad Autónoma y en el propio país es obligado para avanzar en esta moderna forma de hacer cirugía y a la vez, permitir la promoción de los propios profesionales implicados.

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Agosto 2011

sábado, 13 de noviembre de 2010

PERSPECTIVAS DE FUTURO EN LA CIRUGIA MAYOR AMBULATORIA

En realidad hablar de perspectivas de futuro de la Cirugía Mayor Ambulatoria (CMA) no resulta fácil dado que su implantación en la España de las Autonomías ha sido muy dispar. Algo parecido ha ocurrido en el resto del mundo. Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Países Escandinavos han liderado su desarrollo pero por el contrario países como Alemania y Francia han tenido una implantación más escasa y también dispar. Países con economías emergentes como China e India, los países del bloque del Este, todavía no se han acogido a los beneficios de la CMA y que decir tiene en países con economías débiles de África, Asia o América del Sur. La razón puede ser la ignorancia política, la corrupción, el conservadurismo o el proteccionismo médico. Sin embargo no cabe duda que ningún país, sea cual sea su capacidad económica, será capaz de resistirse a la cirugía de día porque los beneficios económicos y la calidad de la asistencia que se presta conducirán a esta forma de hacer cirugía.

En España los inicios tienen lugar a partir de 1988 con las experiencias de Gandía, Denia, Tarragona, Toledo y Viladecans. En Zaragoza comenzamos en el año 1995 en el Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. El inicio de la CMA tiene que ver con la necesidad de reducir el gasto sanitario que crece de manera ilimitada ante unos recursos disponibles limitados. La introducción de la Asistencia Sanitaria Gestionada demuestra lo inadecuado de muchas estancias hospitalarias y se proponen alternativas como es la CIRUGÍA MAYOR AMBULATORIA.
En los comienzos de la CMA (años 1988-1995) se van creando nuevas unidades, se realizan los primeros congresos de la especialidad, se funda ASECMA (Asociación Española de Cirugía Mayor Ambulatoria) y vemos las primeras comunicaciones referidas a resultados sobre la asistencia prestada en esas unidades y sobre todo se difunde la primera guía sobre la CMA, que edita el Ministerio de Sanidad en el año 1993, que es el auténtico motor del desarrollo de la CMA en España.

La eclosión de la CMA en España (años 1995-2005) ha estado en relación con causas como:
- Innovaciones tecnológicas: avances anestésicos, sistematización de intervenciones quirúrgicas más frecuentes, mínima invasión
- Mejora de los cuidados de enfermería – Proceso educacional
- Mejor control del dolor postoperatorio
- Implicación de la enseñanza: Formación de Pre y postgrado
- Ampliación de la Cartera de Servicios: Pacientes – Procedimientos
- Eliminación de algunos criterios de exclusión
- Elaboración de guías: dolor postoperatorio, prevención ETEV, Atención Primaria
- Documentos de consenso sobre definiciones
- Difusión de revistas especializadas
De esta manera se pasa de un índice de ambulatorización del 22,6% en 2000 al 33,57% en 2005, en el sector público y del 20,55% al 26,8% en el privado. Sin embargo las cifras entre Comunidades Autónomas son dispares, sin que existan razones distintas al impulso dado por políticos, gestores y líderes en hospitales.

El presente de la CMA supone un estado de madurez donde los objetivos están puestos en ampliar la CMA a procedimientos más complejos o que precisan una recuperación mayor para lo que las Unidades de Recuperación Prolongada, unidades de 23 horas, originalmente Extended Recovery Units, las unidades diagnóstico quirúrgicas que incorporan procedimientos diagnósticos invasivos como pueden ser la ERCP, la alcoholización de tumores hepáticos, y otras técnicas de radiología intervencionista o de técnicas endoscópicas terapéuticas, la inclusión de la CMA en los programas de formación de pregrado de Medicina y Enfermería y en los programas de formación de residentes quirúrgicos y anestesia, con sus rotaciones y número de intervenciones. Sin embargo no se olvida que entre los procedimientos más prevalentes sigue existiendo gran disparidad entre centros, y resulta prioritario conseguir incrementar el índice de sustitución de la cirugía de la catarata, de la hernia, de las varices, artroscopias etc a valores próximos a los estándares.
En un momento como el actual con gran volumen de cirugía sin ingreso, con gran número de unidades cuyo funcionamiento es dispar, era necesario acudir a un nuevo documento sobre las CMA en España y ese objetivo se ha cumplido en el 2008 con la elaboración del Manual de Unidad de Cirugía Ambulatoria: Estándares y Recomendaciones, que viene a recoger todos los aspectos del funcionamiento de las unidades de CMA en España, haciendo hincapié en los derechos y garantías de los pacientes, su seguridad, la organización y gestión de las unidades, su estructura física y recursos materiales, los recursos humanos y la calidad asistencial.

¿Cuál es el futuro de la CMA?. De manera trascendental es necesario proceder a un cambio de filosofía. Cuando se iniciaba la CMA hablábamos de la necesidad de ver qué paciente era susceptible de ser operado en CMA. Hoy, disponiendo de un listado A y B de procedimientos, la pregunta es al contrario, ¿por qué un determinado paciente que precisa una intervención incluida en estos listados debe operarse con ingreso?. Ni que decir tiene, este cambio de mentalidad deberá ser progresivo y más fácil de conseguir en aquellos centros con más alto nivel de ambulatorización. Este cambio de filosofía que presidirá el futuro se acompaña de 7 líneas maestras de actuación, en nuestra opinión. A saber:

1. Incorporación de nuevas técnicas quirúrgicas, teniendo en cuenta que el objetivo principal es la seguridad del paciente y la mejora continua de la calidad. No debe incluirse una intervención en CMA a cualquier precio. Las unidades de recuperación prolongada y el mejor control del dolor van a permitir que la seguridad se mantenga en procedimientos más complejos y que necesitan una recuperación más difícil, pero creo necesario establecer criterios de sensatez y como cirujano conocedor de la cirugía laparoscópica del colon y de la cirugía bariátrica, no me parecen propias de la CMA algunas intervenciones como la que referenciamos en la diapositiva. La gravedad de las complicaciones que pueden sufrir estos enfermos, por muy escasas que sean en manos muy expertas no aconsejan esta práctica. El proceso de mejora continua de la calidad exige un programa que permita gestionar los resultados, habiéndose definido para ello los denominados criterios, indicadores, estándares y monitorización de estándares, que aplicados a la CMA permitirán establecer comparaciones e implementar acciones de mejora, como muy bien nos explica P. Hernández en una reciente ponencia.

2. Potenciación de la analgesia postoperatoria y la asistencia domiciliaria. El establecimiento de protocolos de analgesia multimodal ha sido un gran avance para el control del dolor postoperatorio en patologías muy lastradas por el dolor como son los hallux valgus, las hernias de pared abdominal o la cirugía del ano. Pero hemos de ir más allá y hay que generalizar el empleo de bloqueos nerviosos periféricos que permiten, especialmente en cirugía ortopédica, un excelente grado de confort, empleando fármacos diversos y diversas vías de administración (perfusión continua). Así mismo puede potenciarse el empleo de sistemas de analgesia controlada por el paciente mediante bombas de infusión cuyo catéter se dispone intravenoso, subcutáneo o perineural. Todo ello coordinado con un incremento de las unidades de hospitalización domiciliaria y, donde no las haya, con el apoyo de atención primaria, lo cual permitirá prestar cuidados postoperatorios más complejos (drenajes, sistemas de analgesia, heridas complejas etc) o incluir pacientes que de otro modo hubieran requerido cirugía con ingreso.

3. El empleo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). La Telemedicina se plantea como el uso de las TIC con la finalidad de proporcionar cuidados y atención sanitaria a distancia. Siguiendo a Laguillo y Echevarría, la Telemedicina se enfrenta a distintas barreras: legales derivadas del entorno para la seguridad de datos y privacidad necesarios, limitaciones tecnológicas, diversidad de plataformas de software, sobrecarga del personal sanitario y posible complejidad para el paciente. En el ámbito quirúrgico la Telemedicina convertida en Telecirugía abarca el asesoramiento profesional dentro y fuera del quirófano, el seguimiento postoperatorio, la discusión intraoperatoria con asistentes remotos o la telemanipulación mediante robots. En el ámbito de la CMA las experiencias van dirigidas al seguimiento postoperatorio pudiendo utilizar sistemas de videoconferencia (Almería) o telefonía móvil (Madrid, hospital de San Carlos o Valencia, hospital Dr. Peset) con captura de imágenes que se envían a la historia digital del enfermo en la UCMA lo cual permite una evaluación clínica (estado del enfermo, estado de la herida, estado dispositivos de analgesia). Todo ello deberá permitir reducir las desigualdades entre la población por su dispersión, reducir gastos de desplazamiento, colaborar entre Atención Primaria y Atención Especializada e incrementar la confianza y satisfacción de los pacientes.

4. Consultas de Alta Resolución y Cirugía de Alta Resolución. Las consultas de alta resolución junto con los programas de ambulatorización suponen los nuevos paradigmas de la asistencia sanitaria. El objetivo es la realización de la evaluación preoperatoria o la evaluación preoperatoria y la intervención en una única visita hospitalaria. Como demuestran los modelos del Hospital San Carlos de Madrid (Consulta) y del Hospital de Cruces de Bilbao (Centro de alta resolución pediátrica) y otros muchos ejemplos surgidos en Andalucía especialmente, la CMA deberá beneficiarse en el futuro de su implantación. Se mejora claramente la asistencia que se presta al usuario, mejora la relación entre Asistencia Primaria y Especializada, es aplicable a gran número de pacientes y supone importante rentabilidad para el Sistema de Salud y para el propio bolsillo del usuario. Su implantación genera oportunidades como son el desarrollo de herramientas informáticas y de las comunicaciones entre los centros de atención primaria y el hospital y la creación de equipos de Primaria de alto poder resolutivo. Por el contrario las amenazas externas son la falta de implicación a nivel de Atención Primaria y la no aceptación del cambio por parte de las familias.

5. Las instalaciones del futuro. La tendencia es hacia la transformación de las unidades integradas, las más comunes en España, a unidades autónomas que permiten una mayor efectividad y calidad de los cuidados, sin que existan interferencias con la cirugía con ingreso. Dichas unidades consiguen su funcionamiento óptimo cuando se asocia la autogestión de las distintas áreas, implicando a los profesionales en la toma de decisiones, en la gestión de los recursos y en la mejora continua. Las unidades de recuperación prolongada deberán crecer en número porque suponen un instrumento excelente para aumentar el espectro de pacientes a incluir en CMA. Se podrán así incluir procedimientos más complejos desde el punto de vista quirúrgico, o que precisan una mayor vigilancia postoperatoria, o pacientes con mayores comorbilidades. No obstante su proliferación no debe reducir los índices de sustitución de los procedimientos más comunes ni aumentar el porcentaje de ingresos no planificados dada la facilidad para que el paciente pernocte en la unidad. La transformación de las unidades de CMA en unidades diagnóstico quirúrgicas con la inclusión de procedimientos diagnósticos invasivos está permitiendo aprovechar unas instalaciones disponibles con procedimientos diagnósticos que requieren unas horas de recuperación por su invasividad y que de otra manera darían lugar a ingresos hospitalarios. No obstante en el futuro caminamos hacia una transformación de la unidad de día, mayoritariamente quirúrgica, en una unidad médico-quirúrgica que daría cabida a toda la cirugía ambulatoria y a multitud de pacientes médicos que requieren una transfusión, quimioterapia, control del dolor, radiología invasiva etc. Estaríamos llegando al auténtico hospital de día que junto con el área de urgencias y el área de hospitalización formarían los tres elementos fundamentales del hospital del futuro. Las unidades móviles desarrolladas en el Reino Unido y con experiencia en este país y en Australia podrán servir para reforzar unidades de día en momentos de saturación o llegar a áreas alejadas. La flexibilidad de estas unidades junto con su movilidad permiten rentabilizar la inversión realizada y pueden suponer un impulso para la CMA en los próximos años. Los hoteles hospital o bien hospital de pacientes son comunes en Estados Unidos y Escandinavia. Su presencia en España es testimonial pero podrían promocionarse en el futuro y permitirían incluir en CMA a pacientes con domicilios muy alejados o viviendas inadecuadas, permitiendo una recuperación agradable en un medio sin personal de enfermería muy próximo a la unidad de CMA y que para los financiadores puede resultar coste-efectivo si lo comparamos con el coste si se realiza con ingreso.

6. La investigación. Las unidades de CMA mueven un gran número de pacientes, por lo general en un entorno informatizado y siguiendo protocolos y guías establecidos. Estas tres circunstancias hacen de estas unidades lugares idóneos para la investigación. Los campos en los que profundizar son múltiples, las diversas formas de gestión, coste-efectividad, utilización de nuevas técnicas quirúrgicas, empleo de nuevos fármacos, control de calidad, prevención de eventos adversos, empleo de tecnología de la información y comunicación. El empleo del método científico y las bases de la medicina basada en la evidencia debería posibilitar el diseño de proyectos ambiciosos multicéntricos que permitieran el avance a todos los niveles.

7. Promoción de la acreditación de unidades. Los centros de CMA en Estados Unidos precisan una acreditación por parte de la administración estatal y por Medicare, pero además, de forma voluntaria, muchos centros se someten a las agencias de acreditación existentes: JCHA (Joint Commission of Hospital Accreditation), AAAASF (American Association for the Accreditation of Ambulatory Surgical Facilities) y AAAHC (Accreditation Association for Ambulatory Health Care) entre otras. En Australia es el ACHS (Australian Council on Healthcare Standars) el que realiza esta función. La ISO (International Organization for Standardization) con su organización subsidiaria en España AENOR (Asociación Española de Normalización y Certificación) a través de su norma ISO 9000 e ISO 9001 han certificado multitud de organizaciones en base al cumplimiento de unas normas, estándares o especificaciones, y es aplicable también a organizaciones, centros o servicios sanitarios. En nuestro medio ASECMA publicó y validó un manual de estándares de acreditación de unidades de CMA en 2004 a través de un trabajo dirigido por Pilar Rivas Lacarte. En este manual se distinguían estándares de las funciones dirigidas al paciente (derechos del paciente y ética de la organización, evaluación y asistencia al paciente, atención continuada), de las funciones de la organización (mejora de la actuación de la organización, seguridad en la práctica y en el entorno, gestión de la organización, liderazgo y gestión de recursos humanos) y estructuras con funciones (órganos de gobierno, dirección, cuadro médico, enfermería). Las experiencias de acreditación de centros y servicios sanitarios en España son muy pocas e incluso hay muy poca legislación vigente para ello. La Fundación Avedis Donabedian ha colaborado con agencias como la Joint Comission para establecer sistemas de evaluación y mejora de la calidad entre los centros y servicios sanitarios. Es seguro que los próximos años el interés por la acreditación irá en aumento por los motivos de superación de los profesionales, por el deseo de mejorar la asistencia que se presta, por un mejor control del gasto dada la escasez de recursos, por la participación de la medicina privada y por el marketing que supone disponer de una acreditación de una de las agencias evaluadoras reconocidas internacionalmente.

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